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“Vivo en mi Barrio”: Comunidad, Identidad e Infancia. Análisis comparativo de la interacción en dos tipologías urbanas

Autores: Paulo Albuquerque, Pedro Gabriel

El profundo conocimiento de la escala humana que caracteriza las ciudades medievales no se aprecia en las nuevas zonas urbanas planificadas de modo profesional.

Jan Gehl, La humanización del espacio urbano.

Housing is created and people are moved around without sympathy for human ties, and sometimes even with a deliberate policy of breaking down the rudiments of community life. (…) But more important is the retention of human links and of beneficial behavior patterns. Worst of all is the planners’ concept of social occupation zoning whereby every area is a special sort of ghetto.

Bruce Allsop, Towards a Humane Architecture.

 

“Para educar a un niño hace falta una aldea”, nos dice un proverbio africano con la sencilla profundidad de la sabiduría popular, fruto de un conocimiento interpersonal e intergeneracional que sobrepasa a los límites de la vida y de la individualidad de cada ser humano. Por “aldea” no se referirá, únicamente, a la tipología y escala del pequeño poblado, de índole rural, pero a la institución socio-física, ‘de’ y ‘para’ la comunidad, al lugar consagrado a la vivencia y a la con-vivencia cotidiana. En los contextos citadinos el pariente más cercano a esa entidad colectiva es el barrio, o por lo menos así lo había sido en la ‘ciudad antigua’. Ahí también el Hombre ha encontrado a un lugar para su morada, a un ‘espacio’ dedicado a la interacción.

Con el siglo XX la palabra ‘comunidad’ ha dejado de constar en los manuales de quien decide, y de quien diseña a la ciudad, siendo sustituido por un otro concepto esencial pero no equivalente –el de sociedad. Entre individuo y sociedad, entre el “yo” y “todos los demás”, ha dejado de existir medio término e intermedio. Al comienzo de este nuevo milenio, y por vez primera en la historia de la humanidad, más de la mitad de la población mundial es urbanita. Con todo, y a pesar del aumento y densificación de las aglomeraciones poblacionales, la distancia real (no apenas física como social) entre el yo y “el otro”; entre los distintos lugares y actividades; se ha incrementado todavía más. Se han intensificado a los flujos pero se ha disminuido a la interacción.

El coche y demás “medios de transporte”, que conectan y desconectan a los distintos lugares, así como la televisión, internet, y demás “medios de comunicación”, que conectan y desconectan a las personas, son, a la par, causa y efecto de un medio-ambiente, socio-físico, cada vez más sectorizado, artificioso y fragmentario. La urbanidad se ha desmembrando, la red ‘urbana’ pierde a su enredo, el individuo y ‘la comunidad’ se disuelven en esa “red virtual”. Desintegrándose a la comunidad intentamos ahora integrarnos en la “aldea global”; en las “comunidades virtuales”; o en cualquiera “tribu urbana”.

Frente a tal contexto, nos preguntamos ¿se podrá educar a un niño sin una ‘aldea’ [comunidad] que lo acoja? ¿Podrá la “aldea global” desempeñar ese papel? ¿De qué modo estas tipologías y realidades, tan disimilares, afectaran a su desarrollo?

Algunos estudios demuestran existir una correlación, indirecta pero sustancial, entre distintas etapas del desarrollo del niño y diferentes niveles de conocimiento del medio-ambiente. Parece existir, a la par, una correspondencia entre el proceso de exploración del medio-ambiente, la estructuración de mapas mentales, y el desarrollo de las capacidades de: cognición; socialización; narración; coordinación motora; “noción de reversibilidad”; pensamiento lógico, entre otras. El desarrollo psicointelectivo del niño se realiza en el proceso de interacción con el medio natural y social (Luria, Leontiev & Vigotsky, 2011, p.42).

De acuerdo con la psicología ambiental, la cognición del medio-ambiente está asociada a tres dimensiones, cuyos términos fueran curiosamente apropiados por la ‘informática’: el lugar o el sitio, el site; el recorrido entre distintos lugares, el link; la red de lugares y recorridos, la web. La exploración y el dominio de cada una de estas dimensiones y escalas (lar/familia; barrio/comunidad; ciudad/sociedad), y la transición a la siguiente, se corresponden con distintas etapas del desarrollo. Es alrededor del inicio de la edad escolar que, normalmente y gradualmente, el niño empieza con sus incursiones exploratorias de lo urbano, en caso de que viva en un barrio o “ciudad amiga de la infancia”. Sin embargo, es a partir de los ocho años de edad que su radio de acción se amplia de modo exponencial, tal como su capacidad de generarse mapas mentales (Altman & Wohlvill, 1980, p.196).

Parece fundamental la etapa en la cual el niño empieza a explorar al medio-ambiente, de modo autónomo y no monitorizado por adultos, estableciendo una red de vínculos entre distintos lugares, allende del universo familiar. Con todo, esta posibilidad podrá estar fuertemente condicionada, o ser potenciada, por la tipología urbana. En zonas con edificios de grande altura apenas 35% de los niños tienen permiso para salirse solos a la calle. Por otro lado, en barrios con edificios de baja altura 75% de los niños tienen la felicidad de poder salirse a jugar en la calle (Altman & Wohlvill, 1980, p.72). Los índices de interacción social, y de sociabilidad, son bastante más reducidos en el primero modelo urbano. En los contextos sub-urbanos el internet se asume no apenas como “medio de comunicación” pero, sobre todo, como ‘medio’ de mediación y de mediatización de las interacciones sociales. Además, y por otra vía, los “medios de transporte” ayudan a ampliar aún más a ese mismo problema. Los “niños suburbanos” viajan distancias más largas, pero con una disminución significativa en las posibilidades de interacción con el medio-ambiente socio-físico.

Este estudio plantea un analice comparativo de la interacción urbana, por niños de entre los ocho y los diez años, en dos barrios de la ciudad de Lisboa. En el “barrio tradicional de Alfama”, por su propia topografía, el coche no entra. Las interacciones, entre lugares y personas, son de una mayor proximidad y mediadas, sobre todo, por el espacio-urbano. En el “barrio-dormitorio”, suburbano, se impone un distanciamiento mayor en las interacciones, mediadas sobre todo por “medios de transporte y de comunicación”. En colaboración con escuelas de los dos barrios, y cruzándose experiencias desde la arquitectura y la psicología, se analizarán las diferentes representaciones de “mapas mentales” (de sus lugares, recorridos y planes), y de narrativas sobre el uso cotidiano del espacio urbano, generados por sus ‘pequeños’ habitantes. Por fin, se buscará un entendimiento sobre la correlación entre los registros y el espacio urbano vivenciado.

 

ALLSOP, Bruce; Towards a Humane Architecture; Frederick Muller, London 1974; pp. 42-43.

ALTMAN, Irwin; WOHLWILL, Joachim; Children and the environment; Plenum Press, New York 1980.

GEHL, Jan; La humanización del espacio urbano: La vida social entre los edificios; Editorial Reverté, Barcelona 2006; p.46.

LURIA, LEONTIEV, VIGOTSKY; Psicología y Pedagogía; Ediciones Akal, Madrid 1986; p.42.

 

De la aldea a la “aldea global”

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"Cuando la gente decide donde sentarse en un entorno público, casi siempre es para disfrutar de las ventajas que ofrece el lugar: el sitio en particular, el espacio, el tiempo, la visión de lo que está pasando y, preferiblemente, todo a la vez.”

J. Gehl, "La humanización del espacio urbano”

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